A medida que pasa el tiempo, se me profundiza la sensación que el ser humano es ciego porque no quiere ver. En el 2014, año en el que tantas penurias humanas deberían haber desaparecido, la situación de la vida en sociedad es cada vez más desalentadora y gran parte ellas se deben a nuestra ceguera.
Seguimos siendo víctimas de los caprichos de la economía de mercado, esa aberración llamada economía que controla nuestras vidas, no es más que un puñado insignificante de individuos, cuyo capital adormece las voluntades humanas y a punta de pistola o amenaza de hambre hacemos funcionar. Nos vemos reducidos a la miseria, pero no sólo en el sentido material. Somos miserables y vivimos condenados a arrastrarnos indignamente ante seres de carne y hueso, al igual que nosotros para sobrevivir. Vivimos indignamente para morir dignamente. Sabemos que vamos a morir pero nos creemos que el estándar de lo correcto y las normas morales es hacer lo que hacen aquellos que se encuentran en la cumbre de la civilización controlando y castigando al resto de la humanidad para disfrutar del trabajo realizado por la gran mayoría. Aspiramos a transformarnos en las patéticas y repugnantes figuras de culto de los explotadores. Y si no aspiramos, intentamos volvernos sus servidores.
Los que ordenan están soportados por los que hacen de intermediarios: profesionales de la justificación que por medio de su tecnocracia y "conocimientos superiores" reproducen la ideología totalitaria de que lo "otro" no puede existir. Este sector social en muchos lugares del mundo autodenominado "clase media" hace de esta vida una parodia de vida y nos transmiten los látigazos de los grandes opresores arraigados en sus grandes lujos y viviendo a costa nuestra.
Hasta ahora no ha aparecido nada que Esperance nuestra existencia. Sigo esperando. Algún día y algún año aparecerá un poco de buena voluntad que corregir a la historia hacia su lado bueno.
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