En la naturaleza hay de todo. Todo lo que existe es real y todo lo que no existe es irreal, es decir, no es verdadero ni cierto.
En el mundo natural no todo está en armonía, sino que todo es parte de un conflicto permanente. Di...gámoslo así: todo está en permanente cambio y transformación. Las cosas que hoy tienen su forma cambiarán. Están en permanente cambio, alteración, modificación, transformación, etc. Usemos la palabra que más se adecúe a nuestro vocabulario, pero es imposible negar que las cosas se transforman una y otra vez. De cada transformación saldrá algo nuevo que también será transformado y así simultáneamente. El sentido que tiene el cambio y su transformación en otra cosa superior es poder llegar al progreso ilimitado. Ese progreso es tan ilimitado como el universo mismo. Entiéndase que progreso significa superación de una etapa y desarrollo gradual, el cual no necesariamente tiene un camino lineal predeterminado para recorrer.
Esto no significa que los fenómenos están predichos. No hay un camino del progreso lineal o fijo. Las cosas cambian caótica, espontánea y a veces ordenadamente. No hay nada que destine los cambios. Estos son una realidad que se adecúa a las circunstancias materiales de los fenómenos. Las cosas cambian y se transforman y cada transformación es una posibilidad infinita de todas las que pudieron haber habido para todos los procesos.
Esa es una noción básica de comprender la existencia misma. Es verdad que aún no podemos responder a muchas preguntas como por ejemplo “¿por qué existe la materia?”. Pero lo importante es que si somos parte de los cambios y transformaciones de la naturaleza misma, mejor dicho, si acompañamos la naturaleza, podremos algún día acercarnos a la verdad y saber el porqué de la existencia. Dicha verdad, obviamente, es el conocimiento absoluto de todos los procesos existentes en la realidad.
El autor de esta pequeña reflexión desea algún día poder llegar a ver un mundo en el que las mayorías puedan hacerse estas preguntas y discutirlas en paz y relajación. Pero también quiere advertir de las barreras opresivas que por el momento impiden nuestro desarrollo. Impiden nuestro progreso de la reflexión y nos condicionan y limitan a contemplar el mundo tal cómo creemos que es y no como lo es en realidad.
Pero a lo que el autor quiere llegar con esta introducción es que muchas veces hemos oído con toda seguridad que hay cosas “antinaturales” en la vida. En particular cuando de la homosexualidad se trata. Hay un argumento muy radicalizado de fanáticos religiosos y ultraderechistas moralizadores y amantes del orden y la represión que plantean que la relación entre personas del mismo sexo es algo “antinatural” porque va en contra de “lo natural”. Va en contra de la familia tradicional, de los valores cristianos y occidentales, etc. Es posible argumentar desde el sentido común de miles de formas para atacar a la homosexualidad sin que ellos signifique que habrá algún tipo de razonamiento por parte de los atacantes. Es que estar en contra o a favor de la homosexualidad en sí es tan ridículo como estar en contra de las nubes: las nubes existen, son un hecho, son reales y no podemos hacer nada contra ellas(bueno, podemos espantarlas pero volverán). Lo mismo ocurre con la homosexualidad en sí.
Como se decía al comienzo, las cosas se transforman, cambian, se rehacen, etc. Todo es parte de la naturaleza. Si la homosexualidad existe, significa que también participa en el proceso de transformación de la naturaleza. Por eso es que no se puede proponer que algo es “antinatural”.
Atacan a la homosexualidad aquellos que van en contra de los procesos naturales. Los que creen que es posible preservar el estado y el orden imperante reprimiendo aún más las manifestaciones naturales de los seres vivos. Me refiero concretamente a las iglesias cristianas, musulmanas y judías. También están aquellos estúpidos e imberbes que buscan justificar el orden, la pureza y “lo normal” a través de la ciencia. Aquellos doctores que intentan demostrar que la atracción de dos individuos del mismo sexo no es más que una enfermedad.
Pero como decíamos al comienzo, todo lo que existe en la realidad existe y es parte de la misma y ocurre exactamente ello con las iglesias y las distintas religiones. Estas son partes de la realidad. Son parte de una ínfima parte de la realidad ligada a la vida cotidiana del Ser humano. Como sabemos, la sociedad está llena de contradicciones y conflictos. Como si fuera una bomba de tiempo apuntando en miles de direcciones. Así es que las religiones y su materialización en instituciones representan el sector de la sociedad que pretende preservar los privilegios de los grupos de poder y de aquellos que poseen el control sobre la sociedad toda. Es por ello que cualquier cambio que afecte a las normas establecidas según la milenaria moral de las tres religiones más arriba mencionadas puede poner en cuestionamiento directo el funcionamiento del mundo que conocemos.
En realidad, los que forman parte de la naturaleza, del sector conservador de la naturaleza que se resiste a las transformaciones a pesar de que eso sea imposible son los que actúan de cierto modo “antinatural” negando que cualquier tendencia u orientación sexual en la realidad existe y no solamente la heterosexualidad. Entonces, vale la pena preguntarse ‘¿Quienes son los “antinaturales”? ¿Los que no aceptan las normas morales establecidas antes incluso de la Edad Media o los que niegan la naturaleza misma acusando a los procesos naturales de “antinaturales”?”. Pregunta sencilla para quienes piensan, pregunta incontestable para los que se rigen por esquemas, dogmas, biblias y pergaminos...
